Desaprovechando coyunturas críticas

Por: Pablo Alandete Costa *

Dentro del diagnóstico sociopolítico y económico de Colombia, durante la mayor parte de su historia, siempre se ha interpretado que las instituciones no funcionan de la manera que deberían. Es un diagnóstico con el que casi nadie presenta discrepancias. Las instituciones en Colombia, como afirma Robinson (2016) son, en mayor parte, extractivas, y pueden llegar a poner en entredicho los derechos humanos de muchas personas, que viven en la miseria1. La principal tesis del bestseller de James Robinson y Daron Acemoglu (2012) es que, el contexto más propicio para la construcción de prosperidad en un Estado, se da con el cobijo de instituciones políticas y económicas inclusivas, con incentivos para las personas, seguridad jurídica, garantías, etc. Así pues, no resulta muy difícil interpretar, dentro del diagnóstico colombiano, que el país está lejos de alcanzar esa prosperidad mencionada.

Tal como lo hace Robinson en su artículo “La miseria en Colombia”, es posible interpretar la pobreza en Colombia más fácilmente desde el análisis regional de las “periferias”. O, incluso, como arguye el autor luego “la periferia de la periferia”. Así, tomando como ejemplo el ejercicio del autor acerca de la entrada de las regiones y sus diferencias dentro del análisis colombiano, me gustaría tomar con pinzas la situación de Cartagena.

Cartagena vive hoy una crisis grave relacionada con la corrupción entre las distintas ramas del poder público. Hoy la Fiscalía investiga los poderes a la sombra en la rama ejecutiva y su influencia dentro de la rama legislativa y judicial, y también la Procuraduría ha suspendido al alcalde electo por irregularidades dentro del sector de la construcción en la ciudad. Sin lugar a dudas, este ejemplo de la actualidad cartagenera, saca a relucir el mal funcionamiento de sus instituciones, que están lejos de ser inclusivas y, en el sentido puro de la acepción, democráticas. Son instituciones políticas extractivas que siempre han favorecido a una élite con el fin de absorber lo que más se pueda el erario público y abusar del poder dentro de una malla clientelista.

A pesar de lo crudo y desesperanzador que pueda sonar el panorama, hay posibilidades de cambiarlo. El 27 de abril de 2017, un suceso trágico sacó a relucir todas estas verdades sobre la red corrupta que existe en la ciudad. El desplome del edificio Portal de Blas de Lezo I, alteró toda la situación política y económica del distrito. Fue una coyuntura crítica. Acemoglu y Robinson (2012) describen las coyunturas críticas como “un gran acontecimiento o una confluencia de factores que trastorna el equilibrio económico o político existente en la sociedad”(p.p 107)2. Lo más interesante dentro de esta acepción es que los autores, dentro del análisis de sucesos de la historia, presentan a las coyunturas críticas como una posibilidad de cambio institucional. Así, entonces, argumentan que estas coyunturas pueden ayudar a cambiar un tipo de instituciones extractivas por unas más inclusivas, que ayuden al desarrollo, con el matiz de que el resultado, puede ser el contrario (Acemoglu y Robinson, 2012).

Las consecuencias de todo esto, junto con otras ya mencionadas, se alargan al punto de que dos de las instituciones de gobierno dentro de lo local, la Alcaldía y el Concejo, se encuentran en un estado de descomposición. El alcalde suspendido, Manuel Vicente Duque, preso en la cárcel para funcionarios públicos de Sabanalarga, ha renunciado a su cargo, y el siguiente paso a seguir, que es una terna por parte del exiguo movimiento político Primero la Gente, que debe ser enviada al presidente de la República para la escogencia de un alcalde hasta que se den las elecciones atípicas, no parece progresar en el corto plazo, y la mayor autoridad de la rama ejecutiva sigue siendo Sergio Londoño Zurek, alcalde encargado directamente por el presidente Santos.

Por su parte, en el cuerpo administrativo de la ciudad, existen ya dos concejales distritales imputados, quienes son Angélica Hodeg, del partido Alianza Verde, y Jorge Useche, por el delito de cohecho por dar y recibir, en el escándalo de la elección de la contralora Nubia Fontalvo (también encarcelada). Se espera que el resto de concejales implicados en el caso de la contralora sean imputados para el mes de enero. En total serían 10 concejales del Distrito imputados por este escándalo (contando a Hodeg y Useche). Todo este resumen denota que las consecuencias con el tiempo se han hecho más graves, y que sin dudas hacen que se rompa toda estabilidad política en Cartagena.

A modo de conclusión, interpreto que el pueblo cartagenero no ha sabido identificar las coyunturas críticas que están ocurriendo dentro de la ciudad. Con un esfuerzo de movilización popular, canalización de la indignación y reestructuración de prioridades sociales, podemos movernos dentro de estas coyunturas para provocar el cambio institucional, que derive en reglas de juego más inclusivas y democráticas. El pueblo cartagenero no puede seguir desaprovechando coyunturas críticas, que están ocurriendo frecuentemente, y que pueden cambiar para siempre una ciudad que necesita de todos.

1. Robinson, James A. 2016. “La Miseria en Colombia.” Desarrollo y Sociedad 76 (1): 1-70.

2. Robinson, Acemoglu, J. (2012). Por qué fracasan los países (pp.107). New York, Crown Publishers.

* Estudiante del Programa de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, UTB

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