Desaprovechando coyunturas críticas

Por: Pablo Alandete Costa *

Dentro del diagnóstico sociopolítico y económico de Colombia, durante la mayor parte de su historia, siempre se ha interpretado que las instituciones no funcionan de la manera que deberían. Es un diagnóstico con el que casi nadie presenta discrepancias. Las instituciones en Colombia, como afirma Robinson (2016) son, en mayor parte, extractivas, y pueden llegar a poner en entredicho los derechos humanos de muchas personas, que viven en la miseria1. La principal tesis del bestseller de James Robinson y Daron Acemoglu (2012) es que, el contexto más propicio para la construcción de prosperidad en un Estado, se da con el cobijo de instituciones políticas y económicas inclusivas, con incentivos para las personas, seguridad jurídica, garantías, etc. Así pues, no resulta muy difícil interpretar, dentro del diagnóstico colombiano, que el país está lejos de alcanzar esa prosperidad mencionada.

Tal como lo hace Robinson en su artículo “La miseria en Colombia”, es posible interpretar la pobreza en Colombia más fácilmente desde el análisis regional de las “periferias”. O, incluso, como arguye el autor luego “la periferia de la periferia”. Así, tomando como ejemplo el ejercicio del autor acerca de la entrada de las regiones y sus diferencias dentro del análisis colombiano, me gustaría tomar con pinzas la situación de Cartagena.

Cartagena vive hoy una crisis grave relacionada con la corrupción entre las distintas ramas del poder público. Hoy la Fiscalía investiga los poderes a la sombra en la rama ejecutiva y su influencia dentro de la rama legislativa y judicial, y también la Procuraduría ha suspendido al alcalde electo por irregularidades dentro del sector de la construcción en la ciudad. Sin lugar a dudas, este ejemplo de la actualidad cartagenera, saca a relucir el mal funcionamiento de sus instituciones, que están lejos de ser inclusivas y, en el sentido puro de la acepción, democráticas. Son instituciones políticas extractivas que siempre han favorecido a una élite con el fin de absorber lo que más se pueda el erario público y abusar del poder dentro de una malla clientelista.

A pesar de lo crudo y desesperanzador que pueda sonar el panorama, hay posibilidades de cambiarlo. El 27 de abril de 2017, un suceso trágico sacó a relucir todas estas verdades sobre la red corrupta que existe en la ciudad. El desplome del edificio Portal de Blas de Lezo I, alteró toda la situación política y económica del distrito. Fue una coyuntura crítica. Acemoglu y Robinson (2012) describen las coyunturas críticas como “un gran acontecimiento o una confluencia de factores que trastorna el equilibrio económico o político existente en la sociedad”(p.p 107)2. Lo más interesante dentro de esta acepción es que los autores, dentro del análisis de sucesos de la historia, presentan a las coyunturas críticas como una posibilidad de cambio institucional. Así, entonces, argumentan que estas coyunturas pueden ayudar a cambiar un tipo de instituciones extractivas por unas más inclusivas, que ayuden al desarrollo, con el matiz de que el resultado, puede ser el contrario (Acemoglu y Robinson, 2012).

Las consecuencias de todo esto, junto con otras ya mencionadas, se alargan al punto de que dos de las instituciones de gobierno dentro de lo local, la Alcaldía y el Concejo, se encuentran en un estado de descomposición. El alcalde suspendido, Manuel Vicente Duque, preso en la cárcel para funcionarios públicos de Sabanalarga, ha renunciado a su cargo, y el siguiente paso a seguir, que es una terna por parte del exiguo movimiento político Primero la Gente, que debe ser enviada al presidente de la República para la escogencia de un alcalde hasta que se den las elecciones atípicas, no parece progresar en el corto plazo, y la mayor autoridad de la rama ejecutiva sigue siendo Sergio Londoño Zurek, alcalde encargado directamente por el presidente Santos.

Por su parte, en el cuerpo administrativo de la ciudad, existen ya dos concejales distritales imputados, quienes son Angélica Hodeg, del partido Alianza Verde, y Jorge Useche, por el delito de cohecho por dar y recibir, en el escándalo de la elección de la contralora Nubia Fontalvo (también encarcelada). Se espera que el resto de concejales implicados en el caso de la contralora sean imputados para el mes de enero. En total serían 10 concejales del Distrito imputados por este escándalo (contando a Hodeg y Useche). Todo este resumen denota que las consecuencias con el tiempo se han hecho más graves, y que sin dudas hacen que se rompa toda estabilidad política en Cartagena.

A modo de conclusión, interpreto que el pueblo cartagenero no ha sabido identificar las coyunturas críticas que están ocurriendo dentro de la ciudad. Con un esfuerzo de movilización popular, canalización de la indignación y reestructuración de prioridades sociales, podemos movernos dentro de estas coyunturas para provocar el cambio institucional, que derive en reglas de juego más inclusivas y democráticas. El pueblo cartagenero no puede seguir desaprovechando coyunturas críticas, que están ocurriendo frecuentemente, y que pueden cambiar para siempre una ciudad que necesita de todos.

1. Robinson, James A. 2016. “La Miseria en Colombia.” Desarrollo y Sociedad 76 (1): 1-70.

2. Robinson, Acemoglu, J. (2012). Por qué fracasan los países (pp.107). New York, Crown Publishers.

* Estudiante del Programa de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, UTB

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Exploración petrolera en Montes de María, ¿de espaldas a las comunidades?

Por: Joel Cerpa *

Desde hace más de 7 años, se viene adelantando exploración petrolera en varios municipios de los Montes de María. Estos son: San Juan, San Jacinto, El Carmen y Ovejas.
¿Quién las está haciendo? No se tiene muy claro; algunos creen que es Ecopetrol. ¿Los resultados de las exploraciones? Es un misterio; es posible que sea secreto de Estado. Sin embargo las comunidades tienen sus sospechas porque estas exploraciones están aumentando.

Las sospechas radican en dos posibilidades: 1. Los hallazgos son muy importantes y están confirmando. 2. No han encontrado nada.

Si la verdad es la posibilidad número dos, entonces no pasa nada. Pero si la primera posibilidad es cierta, entonces podría ser el yacimiento más rentable del país, porque los costos de transporte son mínimos. Desde los Montes de María hasta la refinería de Cartagena – REFICAR-, o hasta el muelle de Coveñas, no existen más de 100 kilómetros. Esto sería fabuloso para la industria debido a los precios muy bajos del crudo, y con unos costos tan bajos, existe un pequeño margen de ganancia real.

No obstante, estos beneficios solo serían evidentes para las compañías petroleras. Por el contrario, las comunidades creen que son más los efectos negativos de estos yacimientos, que las ganancias implícitas para la población.

Esto puede dilucidarse. Los beneficios: empleo no calificado, reactivación económica de la región, regalías etc. Sabemos que los empleos más calificados, y los que verdaderamente son valiosos serán para extranjeros; y puede persistir la creencia que de la reactivación económica será aprovechada por unos pocos.

Las cosas negativas pueden circular desde todos los ámbitos. Por ejemplo, ¿los oleoductos atraerán grupos armados dispuestos a hacer presencia para controlar zonas estratégicas? Igualmente, es posible que la lucha por la tierra se recrudezca. ¿Por qué? Si antes hubo despojos sistemáticos por la mera tenencia de la tierra, es posible que ahora sea peor por lo que está debajo.

Si alguien tiene el suficiente poder económico como para forzar las cosas, la suficiente influencia para conocer información privilegiada, y poder para hacer los arreglos con las petroleras una vez que sea el dueño de la tierra, podrá desatar nuevamente una ola de violencia. La idea es quedarse con la tierra para después negociar con las petroleras, si acaso éstas no son el poder tras las sombras.

¿Puede existir una salida? Esa es la razón por la cual muchas personas tenían las esperanzas en las consultas previas, o consultas populares para frenar las exploraciones, o las eventuales explotaciones. Pero, con la situación que pretende modificar el Congreso, las cosas están en vilo.

Pensemos en otra salida.

* Estudiante de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Universidad Tecnológica de Bolívar

Cambiar realidades: Colombiatón, un encuentro con la desigualdad

Por: Jose Bejarano, Sebastian Cardenas, George Howell *

Colombiatón, sin duda alguna, es apenas un ejemplo de las comunidades que se ven afectada por la pobreza en Cartagena de Indias. Mucha de la ayuda que el Estado local dispone para ellos se malversa por los gobernantes de turno. Esto ha retrasado avances en infraestructura, economía, seguridad, oportunidades laborales, entre otras. Estas consecuencias afectan el bienestar humano. “Menos recursos para bienes públicos significa que hay menos vías en la periferia de Colombia, y por lo general las que existen son de mala calidad. Las personas están más aisladas y tienen menos oportunidades. Tienen peores colegios y acceso a la educación de menor calidad. También hay menos recursos para proporcionar otros bienes públicos básicos como derechos de propiedad bien definidos, por no mencionar seguridad y orden” (Robinson, 2015, p. 14).

Colombiatón, es una ciudadela ubicada en las afueras de la ciudad de Cartagena de Indias, cerca de la terminal de transporte, hace parte de la localidad 2: De la Virgen y Turística. Fue creada en el 2004 por empresarios y el gobierno de Álvaro Uribe Vélez con el fin de reubicar a 1.200 familias damnificadas por el invierno. Para el año 2006, se paralizaron las obras de construcción de viviendas, debido a que en los años 80 la federación de algodoneros usó el sitio como depósito de químicos y plaguicidas, los cuales hacían inhabitable la zona, según informó revista SEMANA. En ese sentido, a pesar de que en el Congreso se había advertido que los terrenos no eran aptos, el Ministerio de Ambiente y Vivienda decidió hacer caso omiso y seguir con el proyecto.

Cabe señalar que en Colombiatón la violencia y la informalidad laboral permean la vida social de estos habitantes. La corrupción les roba a ellos la posibilidad de tener una calle pavimentada, un centro médico cercano, o una institución estatal en la cual los residentes puedan exigir sus derechos personales. El drenaje pluvial no sirve adecuadamente, lo cual causa en temporada de invierno inundaciones. En últimas, las pandillas de muchos sectores aledaños –incluyendo a Colombiatón– se enfrentan comúnmente en estos barrios. “Entre esos factores debemos resaltar los producidos por los deficientes y altos costos en la prestación de servicios públicos, como la energía eléctrica –la población se expone, en general, a permanentes cortes de energía por motivos diversos– la precaria prestación de servicios públicos de salud y educación, y el caos ocasionado por el transporte informal” (Zúñiga, 2016, p. 80). Estos obstáculos agobian y limitan la calidad de vida de los residentes.

Se podría afirmar que esta ciudadela es una evidencia de las estadísticas de pobreza y desigualdad que muestran las cifras de Cartagena cómo vamos año tras año. Debido a que Colombiatón tiene una cuasi ausencia estatal, que por lo general, dificulta la seguridad de los residentes. Las autoridades competentes no brindan soluciones a los problemas de los pobladores. Al mismo tiempo las prolongadas guerras entre pandillas y su recurrencia recíproca devastan socialmente a los habitantes, provocando conmoción, actitudes de rechazo e impotencia hacia los constantes actos de violencia que se presentan cotidianamente.

En definitiva, Colombiatón y muchos de estos barrios en similares condiciones son el producto de la ausencia estatal, la falta de planeación urbana, instituciones extractivas, gobiernos clientelistas, entre otros. Esta situación representa la desigualdad en su peor forma. Una población que vive en condiciones infrahumanas, sin representación política o participación ciudadana, está predeterminada al caos. Por eso, se necesitan ciudadanos con voluntad para cambiar la realidad de ésos barrios, ONG’s que posibiliten hacer políticas incluyentes, que a su vez, con la ayuda de los gobiernos de turno, transformen la calidad de vida de éstas personas.

Fuentes

Robinson, J. (2015). La miseria en Colombia. Desarrollo y Sociedad, 76(1), 1-70.

Valencia, H., Zúñiga, L., Vargas, G., Tobar, J. (2016). Democracia, teoría crítica & ciudadanía. Colombia: Ediciones Pluma de Mompox S.A.

Semana (19 de febrero de 2006). ‘Enredatón’. Recuperado de http://www.semana.com/nacion/articulo/enredaton/77425-3

*  Estudiantes de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Miembros de la Fundación Tejiendo Democracia.

Adiós al viejo sabio

Por: Armando José Mercado Vega *

El martes 4 de abril murió Giovanni Sartori, uno de los padres de la ciencia política contemporánea. El viejo sabio, como él una vez se definió en uno de sus últimos artículos, murió en Roma por complicaciones respiratorias a la edad de 92 años.
Nació en Florencia en 1924. Vivió y sufrió en su juventud la dictadura fascista en Italia, en parte de allí venía su compromiso crítico y científico con la democracia. Se rehusó a ser parte de los ejércitos fascistas, por lo que pasó diez meses escondido en una habitación en Florencia, hasta que la ciudad fue liberada por los ejércitos aliados en 1944. En esos diez meses, como él mismo contaría en una autobiografía, el pasatiempo más entretenido que tuvo a la mano fue leer libros de filosofía. Pese a que su interés desde muy joven siempre fue el estudio de la política, los diez meses de lectura obligada lo volvieron un experto a la fuerza en filosofía hegeliana, motivo por el cual, y luego de finalizar la carrera de licenciatura en ciencias sociales, enseñó las cátedras de Teoría del Estado e Historia de la Filosofía Moderna en la Universidad de Florencia, donde no sería sino hasta 1956 donde lograría introducir un curso llamado Ciencia Política. Posteriormente se trasladó a Estados Unidos donde pasó por las universidades de Stanford, Harvard, Yale y finalmente Columbia.

Sartori es considerado uno de los padres de la ciencia política contemporánea por sus aportes en la definición de los dos elementos claves de cualquier disciplina científica: el método científico y la identificación de sus objetos de estudio. La obsesión por la correcta construcción de conceptos y teorías lo llevó en sus primeros trabajos como Concept Misformation in Comparative Politics (1970) y The Tower of Babel (1975) a proponer lo que él denominó la “escala de abstracción”, una herramienta metodológica útil para que cualquier investigador pudiera construir definiciones empíricas de sus objetos de estudio. En la actualidad, todavía muchos científicos sociales utilizan la escala de abstracción a la hora de construir conceptos, clasificaciones o tipologías.

Con respecto al objeto de estudio, el primer Sartori centró su atención en la democracia en general y en los partidos políticos en particular. De la democracia, en sus clásicos trabajos como The Theory of Democracy Revisited (1987), advertía sobre la diferencia entre definir la democracia de manera normativa (el deber ser) y hacerlo de manera empírica (lo que es). Aunque reconocía que los dos tipos de definiciones están relacionados y son complementarios, siempre abogó por una definición empírica de la democracia, lo que llamó una “definición mínima”, construida a partir de un conjunto de características empíricamente observables, ya que ésta permitía a los politólogos hacer amplias comparaciones entre países y formular generalizaciones. Sartori llevó esta rigurosidad conceptual y metodológica al análisis de los sistemas electorales, partidos políticos y formas de gobierno en Parties and Party Systems: a Framework for Analysis (1976) y Comparative Constitutional Engineering (1994) donde construyó algunas de las tipologías de sistemas de partidos y formas de gobierno más usadas en el campo de la política comparada en la actualidad.

Su gran conocimiento sobre filosofía lo llevó siempre como politólogo autodidacta a advertir sobre la importancia de no confundir en los análisis el “deber ser” con el “ser”, puesto que el cientista político que ignorara esto, afirmaba Sartori, no sólo hace una pésima filosofía, sino además una terrible ciencia política. Por este motivo, pese a ser un liberal declarado, sus análisis teóricos y empíricos de la democracia liberal lo llevaron a chocar no solo con la filosofía marxista en boga durante los 60s y 70s, sino con liberales de derecha y conservadores, quienes reducían el liberalismo al liberalismo económico.

El último Sartori de la década de los 90s en adelante, menos tratadista y más ensayista, centró su atención en tres flancos: 1) la política italiana, 2) una crítica a las teorías multiculturales y 3) analizar el estado actual de la ciencia política. Con respecto a lo primero, desde programas de opinión y columnas periodísticas, Sartori siempre fue un agudo e independiente analista de la realidad política italiana, lo que le permitió criticar tanto primeros ministros de centroizquierda como Matteo Renzi, o gobiernos de derecha como el de Silvio Berlusconi.

En segundo lugar, sus críticas a las teorías multiculturalitas de autores como Charles Taylor y William Kymlicka, expresadas en su obra Pluralism, Multiculturalism and Strangers: An Essay on Multiethnic Society (2000), aunque bastante desfasadas en ocasiones, advertían que un multiculturalismo exagerado, irresponsable y acrítico, pondría en peligro algunos de los consensos básicos de Occidente, como el estado de derecho, la separación iglesia-estado o la democracia liberal.

Con respecto al tercer punto, en uno de sus últimos ensayos titulado “¿Hacia dónde va la ciencia política?” (2004), y con la autoridad que le daba ser uno de los padres de la disciplina, Sartori criticó el estado actual de la ciencia política, la que según el autor había caído en un cuantitativismo exagerado, producto de la incorrecta utilización del enfoque de elección racional y el análisis económico de la política. Si en los 60s la ciencia política intentaba construir teorías contando con pocas bases de datos cuantitativos, ahora, sostenía Sartori, existían enormes bases de datos cuantitativos, pero no se estaba siendo riguroso a la hora de definir qué se estaba midiendo, es decir, en construir los conceptos y las teorías. Esta crítica de Sartori produjo sendas respuesta de otros grandes politólogos contemporáneos como Josep Colomer y David D. Laitin en defensa de los logros actuales de la disciplina.

Pionero, riguroso, analítico, crítico, polémico e irónico, así fue el viejo sabio florentino. A la fecha, su escala de abstracción, definiciones mínimas, tipologías de sistemas de partidos, etc. son sólo algunos de los aportes que dejó Sartori a las ciencias sociales en general y la ciencia política en particular. La que ha sido llamada por algunos como una de las ciencias sociales más jóvenes, despide a uno de sus padres.

* Director del Programa de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la UTB

¿El año de los referendos, o el resurgir de la voz popular?

Por: Gabriela Méndez Ospino*

Desde mediados de 2016 y en lo que va de 2017 ya han sido varios los referendos que han alzado el vuelo (o pretendido hacerlo) con el propósito de pedir al constituyente primario que tome decisiones respecto al futuro del país. Hasta ahora, sus temáticas oscilan entre un llamado a la reducción del salario de nuestros ilustres congresistas**,  exigir la dimisión del presidente Santos, y una nueva búsqueda de la cadena perpetua para los abusadores carnales de niños. Dejando de lado juicios de valor respecto a las mismas, se vuelve necesario reflexionar en torno a este repentino auge de la consulta directa, y lo que ello puede significar para el país. Los colombianos no se caracterizan por hacer uso frecuente de los mecanismos de participación fuera del sufragio universal.

El referendo sobre el acuerdo de paz del año pasado fue el primero llevado a cabo desde aquel que, en los años 50, buscó dar vía libre al Frente Nacional, entre otras reformas. Aparte de aquel, en nuestros 200 años de historia llegaron a ser una realidad el referendo territorial de San Andrés en 1882, el referendo constitucional de 1886, y el referendo constitucional de 2003 impulsado por el entonces presidente Álvaro Uribe; y quedaron en el olvido la presunta consulta popular para evaluar el gobierno Samper tras el proceso 8000, el referendo de Pastrana para revocar el Congreso, el referendo para la tercera reelección de Uribe en 2008, e intentos para lograr la cadena perpetua de los violadores de niños y que el agua sea declarada derecho fundamental.

La otra gran manifestación del pueblo en las urnas que arribó a buen puerto, madre de la Carta de 1991, no era exactamente legal y, en definitiva, tampoco exactamente constitucional bajo la legalidad vigente. Nació en un movimiento popular estudiantil y halló su lugar en aquel vacío a veces surgido entre el Derecho y la Política, donde la segunda, en representación de las necesidades del pueblo, ha de hacer caso omiso del primero en búsqueda de metas cuyo calibre resulta mayor que la ley. En 1990 esa meta mayor fue la convocatoria de una Asamblea Constituyente que daría lugar a una nueva Constitución. Y es que ni Francisco de Paula Santander hubiera podido hallar una manera viable de revocar la Carta de 1886.

Entre todos los ya mencionados, pocos surgieron de la iniciativa ciudadana. Y el mayor de todos, la Séptima Papeleta, logró el mayor de los resultados. De manera que la línea de fondo a la que quiero llegar vendría siendo la siguiente: cuando así se lo propone, la nación se hace escuchar.

Pero, ¿por qué hay ahora un repunte de la participación por mecanismos de consulta directa convocados por iniciativa ciudadana? Y es que las palabras a subrayar son, sin duda, iniciativa ciudadana. En adición a los mencionados al inicio de esta nota, hay otro proyecto de referendo que pasó de agache el año pasado al ser eclipsado por el ambiente de polarización y demás tensiones reinantes durante las campañas del plebiscito sobre el acuerdo de paz. Los impulsores del Referendo por el Agro entregaron el pasado primero de diciembre las firmas que recolectaron en su búsqueda por:

“Garantizar la soberanía y seguridad alimentaria del país mediante 1) la protección y fomento de la producción nacional agropecuaria y el trabajo que de ella se deriva, en marcos de sustentabilidad y equidad de género, así como de la biodiversidad y los conocimientos tradicionales; 2) la renegociación o terminación unilateral de los TLCs; y 3) a partir de la promulgación de una Ley de Agricultura Familiar, garantizar a las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes el derecho a una vida digna y a un desarrollo a partir de formas de economía propia y a conservar y controlar la biodiversidad y conocimientos asociados que se encuentran en sus territorios. “ (Resumen ejecutivo de exposición de motivos del Referendo por el Agro, 2016).

Este se constituye en otro de tantos esfuerzos realizados por parte de los campesinos colombianos por hacer valer sus derechos, y, como dirían los miembros de OPDS Montes de María, la permanencia digna en el territorio. De hecho, en el año 2011 la Corte Constitucional declaró el Estado de Cosas Inconstitucional (ECI) como respuesta a la gran cantidad de violaciones de los derechos de las personas y las comunidades vulnerables no atendidas o atendidas de modo deficiente por las instituciones estatales. Ya entrando el 2017, la salida del ECI se ve aún en la distancia.

Hoy, la historia, la persistencia del ECI, las manifestaciones populares como las multitudinarias marchas por la paz llevadas a cabo en 2016, y finalmente estos nuevos referendos de iniciativa ciudadana, no pueden sino hacerme pensar en aquellas palabras anotadas al margen de un cuaderno durante la clase de filosofía política: cuando el Estado empieza a incumplir, es deber del pueblo exigir. Es su deber actuar.

*Estudiante de V Semestre de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Universidad Tecnológica de Bolívar

** Aquí se puede encontrar toda la información referente al referendo por la reducción del salario de los congresistas, incluyendo el formulario para recolección de firmas: http://www.referendoco2017.com/

La corrupción emerge para traficar con la pobreza, los sueños y las aspiraciones de una sociedad justa

Por: Erika Ardila* y Juan Sebastian Cardenas**

La corrupción es un problema social que afecta a nuestra población, a Latinoamérica, a unos países más que otros, en sociedades modernas y no tan modernas de América, Europa y el resto del mundo. Es un viejo malestar cultural que experimentamos desde la colonia con la dolorosa trata de esclavos, el robo de tierras a los nativos, pasando por la construcción del Estado-nación republicano a finales del siglo XIX con las pugnas entre las élites conservadoras y liberales. Se manifiesta en el lenguaje cotidiano de la ventaja que impone el individualismo en las desgastadas frases del gana gana, o ¿cómo voy aquí? La corrupción se ajusta a la pirámide de la sociedad como medio de ascenso, arribismo y método de enriquecimiento. Los hechos de corrupción que hoy observamos en la administración pública, debilitan la democracia y en particular la representatividad de nuestro sistema político, económico, social y demás. Este dilema tiene muchos detractores en la democracia que suele practicar Colombia, y éste se encuentra en el colectivo imaginario de los ciudadanos del país. Hace falta tener conciencia acerca de lo que ocurre y tratar de combatir este malestar que afecta a nuestra nación. Son muchas la áreas que perjudica esta situación endémica, pero solamente se tratarán tres que se han vuelto muy conocidas por la divulgación que los medios de comunicación le han dado. La contratación de alimentos, los subsidios del Sisbén y el clientelismo.

La contratación de alimentos

El 78% de los contratos de alimentación en el Caribe colombiano se entregaron a particulares sin pasar por una licitación. “El programa se ha pervertido porque muchos actores políticos usan estos recursos públicos para obtener beneficios o pagar favores” dice Édgar Gómez, defensor delegado (e) para la infancia”. La inequidad es palpable hasta en la distribución de la comida que se prepara a los niños(as), muchos se quedan sin comer, la preparación de los alimentos se hace en el suelo, muchos platos y cubiertos están oxidados, y la sobras de los alimentos que se le da a los niños en las comidas siguientes, nos da a conocer que hay un problema en la manipulación de estos servicios sociales cuyo fin es servir a la población menos beneficiada. ¿Qué sucede con las entidades gubernamentales que verifican el cumplimiento de estos procesos?

Los beneficiarios del Sisbén

Por otro lado, tenemos el exorbitante abuso por parte de personas que no necesitan la ayuda que el Sisbén provee a ciudadanos de bajos recursos económicos. Además, hay individuos que están muertos y todavía siguen beneficiándose de dicha ayuda. La pregunta que se puede resaltar es: ¿quién realmente se está beneficiando de estas ayudas? “No solamente se han encontrado irregularidades con personas inscritas que han fallecido, también hay 80.000 beneficiarios que registran ingresos mayores a COP 3’800.000 (USD 1.296) mensuales, que corresponden a 5,8 salarios mínimos”. Si los índices de pobreza en Colombia siguen aumentando, los atropellos siguen ocurriendo, y la gran cantidad de personas que literalmente manipulan el sistema para beneficiarse continúan cometiendo estos delitos, ¿cómo vamos a esperar que resolvamos estos problemas? Para esto, hace falta tomar conciencia de estos actos y combatirlos, no sumarle inamovibles fallas que terminaran colapsando un sistema social que debería funcionar para la población menos beneficiada económicamente.

Clientelismo

En Colombia, cada vez que se entra en elecciones políticas, ya sea para elegir candidatos a la Alcaldía, Consejo, Asamblea, Gobernación, hasta la Presidencia, se producen los casos más atroces del clientelismo exacerbado. Por lo general, uno puede encontrarse con los actores “mitigadores de miseria” cuando van a barrios populares y empiezan a “traficar la corrupción” que se ve en abundancia con la compra y venta de votos para poder ganar los sufragios. De esta forma, muchas elecciones se han visto afectadas en especial las de Cartagena.

Los elegidos tienen su cuota de poder en los contratos para obras de infraestructura, favores políticos, repartición de beneficios entre líderes a través de la maquinaria de la corrupción que se queda con una buena parte del presupuesto del gasto público. La corrupción no debería observarse con ojos de complacencia y complicidad. Los hechos de corrupción que hoy observamos en la administración pública, debilitan la credibilidad institucional que hace parte de la sociedad. Cambiarlo requiere tiempo, y transformar las mentalidades del imaginario imperante dentro la comunidad por la justicia social es educarnos para forjar nuevas capacidades humanas que sean incluyentes, y por ende que beneficien a todos.

* Estudiante del Programa de Comunicación Social, Universidad Tecnológica de Bolívar

** Estudiante del Programa de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Universidad Tecnológica de Bolívar

Brasil, no pierdo la esperanza en ti

Por: Karen Ariza Carranza*

Sao Paulo, Brasil.

Hoy cumplo un mes de haber llegado a Brasil nuevamente; siempre es un placer. Me había abstenido de hablar sobre el tema Dilma, la crisis política y el impeachment. Me limitaba a escuchar comentarios, testimonios y opiniones de todos lados y leía para tener más claridad de la situación política de Brasil. Con todo sobre los Juegos Olímpicos, ni la tv ni la prensa tenían como prioridad la política, pero había un seguimiento de detalles, no mucho más que minutos o titulares de paso. De antemano sabíamos que el juicio político sería después de los Juegos, exactamente 10 días después de finalizarlos, tiempo suficiente para despedir a los turistas de Río y no entremezclar una cosa con la otra. Eso sí, aplaudidísimo por todos que la tensión por la posible destitución de Dilma como presidenta de Brasil, no se sintiera en la organización ni la realización de los primeros Juegos Olímpicos en Sudamerica, pero qué jugada tan perfectamente planeada… Ahora lo entiendo todo.

Hasta el 30 de agosto en televisión se vio todo el día el interrogatorio de los senadores hacia Rousseff, que en el momento seguía siendo presidenta, al menos en el papel. Ella respondía una a una las preguntas de los senadores. Veía de a ratos las respuestas, pero en verdad todo estaba dicho. Lo sabíamos todos, hasta la misma Dilma antes de iniciar con sus respuestas. Mientras la escuchaba y veía las reacciones de los senadores, pensé que sería más interesante si los congresistas fuesen cuestionados en su cargo, eso sí sería un show digno de televisión. Al día siguiente la actividad en Río era común y corriente, sólo alcancé a escuchar varios indignados que proclamaban a lo lejos “¡Fue un Golpe!” con cacerolazos; pero las protestas masivas ocurrieron en Sao Paulo, donde miles salieron a las calles a celebrar que finalmente el impeachment se logró. Con champaña y pudín, con la bandera de Brasil en mano, los grupos políticos conservadores mostraban su alegría por la destitución presidencial.

Los brasileños en general quieren un cambio, pero no saben a cargo de quién (o quiénes), y hasta me atrevería a decir que ni cómo. Si bien las calles están polarizadas entre los que están a favor y en contra de Dilma, los que rechazan a Temer, ahora presidente en el cargo, son amplia mayoría. De hecho, la campana “Fora Temer” fue más acogida en los Olímpicos que el mismo lema de Río 2016.

Parque Olímpico, Río 2016.

Volver a la izquierda parece que es una de las opciones menos viables. El Partido de los Trabajadores está realmente muy golpeado, y el mapa político en America Latina tampoco lo favorece. Argentina eligió dejar de lado el Kichnerismo, Venezuela cada vez está más cerca de una reforma radical, y Bolivia y Ecuador ya no tienen la misma fuerza política que antes. Además, esta vez Dilma no cuenta con el apoyo incondicional que tuvo cuando aspiró. Fueron 13 años durante los cuales la izquierda se instauró en la presidencia, y con Lula el panorama parecía indestronable. En definitiva eran otros tiempos, la gente estaba entusiasmada con el cambio y la propaganda mundial que tenía Brasil como actual potencia regional, tenía contentos a casi todos. Dilma llegó al cargo con 77% de popularidad y hoy lo deja con 10%. Había sido reelegida con más de 50 millones de votos en 2014, pero cuando la actividad económica se contrajo al 3.8% en 2015 la desconfianza en las calles le fue costando caro.

Brasil sabe que el país seguirá siendo caro y que no habrá tranquilidad política por al menos este año. La tensión está servida. Aún así, los brasileños saben que viven en el país de la esperanza latinoamericana. Por estos días muchos creen haberla perdido, pero la historia muestra un país fuerte y resistente. Estoy segura, no me cabe duda, que seguirá creciendo. Pero lo que me tiene dubitativa es el rumbo que tomará. En su comunicado oficial, Dilma se despidió con un poema del ruso Maiakovski:

No estamos contentos, por supuesto,
Pero ¿por qué razón deberíamos estar tristes?
El mar de la historia es agitado
Las amenazas y guerras, habremos de atravesarlas,
Las romperemos por la mitad,
Cortándolas como corta una quilla.

Vale la pena pensar más allá de las ideologías y compartir el mensaje para todos los brasileños. No hay tranquilidad, pero ya vendrán mejores tiempos. Fuerza Brasil.

* Estudiante del Programa de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Universidad Tecnológica de Bolívar