Cambiar realidades: Colombiatón, un encuentro con la desigualdad

Por: Jose Bejarano, Sebastian Cardenas, George Howell *

Colombiatón, sin duda alguna, es apenas un ejemplo de las comunidades que se ven afectada por la pobreza en Cartagena de Indias. Mucha de la ayuda que el Estado local dispone para ellos se malversa por los gobernantes de turno. Esto ha retrasado avances en infraestructura, economía, seguridad, oportunidades laborales, entre otras. Estas consecuencias afectan el bienestar humano. “Menos recursos para bienes públicos significa que hay menos vías en la periferia de Colombia, y por lo general las que existen son de mala calidad. Las personas están más aisladas y tienen menos oportunidades. Tienen peores colegios y acceso a la educación de menor calidad. También hay menos recursos para proporcionar otros bienes públicos básicos como derechos de propiedad bien definidos, por no mencionar seguridad y orden” (Robinson, 2015, p. 14).

Colombiatón, es una ciudadela ubicada en las afueras de la ciudad de Cartagena de Indias, cerca de la terminal de transporte, hace parte de la localidad 2: De la Virgen y Turística. Fue creada en el 2004 por empresarios y el gobierno de Álvaro Uribe Vélez con el fin de reubicar a 1.200 familias damnificadas por el invierno. Para el año 2006, se paralizaron las obras de construcción de viviendas, debido a que en los años 80 la federación de algodoneros usó el sitio como depósito de químicos y plaguicidas, los cuales hacían inhabitable la zona, según informó revista SEMANA. En ese sentido, a pesar de que en el Congreso se había advertido que los terrenos no eran aptos, el Ministerio de Ambiente y Vivienda decidió hacer caso omiso y seguir con el proyecto.

Cabe señalar que en Colombiatón la violencia y la informalidad laboral permean la vida social de estos habitantes. La corrupción les roba a ellos la posibilidad de tener una calle pavimentada, un centro médico cercano, o una institución estatal en la cual los residentes puedan exigir sus derechos personales. El drenaje pluvial no sirve adecuadamente, lo cual causa en temporada de invierno inundaciones. En últimas, las pandillas de muchos sectores aledaños –incluyendo a Colombiatón– se enfrentan comúnmente en estos barrios. “Entre esos factores debemos resaltar los producidos por los deficientes y altos costos en la prestación de servicios públicos, como la energía eléctrica –la población se expone, en general, a permanentes cortes de energía por motivos diversos– la precaria prestación de servicios públicos de salud y educación, y el caos ocasionado por el transporte informal” (Zúñiga, 2016, p. 80). Estos obstáculos agobian y limitan la calidad de vida de los residentes.

Se podría afirmar que esta ciudadela es una evidencia de las estadísticas de pobreza y desigualdad que muestran las cifras de Cartagena cómo vamos año tras año. Debido a que Colombiatón tiene una cuasi ausencia estatal, que por lo general, dificulta la seguridad de los residentes. Las autoridades competentes no brindan soluciones a los problemas de los pobladores. Al mismo tiempo las prolongadas guerras entre pandillas y su recurrencia recíproca devastan socialmente a los habitantes, provocando conmoción, actitudes de rechazo e impotencia hacia los constantes actos de violencia que se presentan cotidianamente.

En definitiva, Colombiatón y muchos de estos barrios en similares condiciones son el producto de la ausencia estatal, la falta de planeación urbana, instituciones extractivas, gobiernos clientelistas, entre otros. Esta situación representa la desigualdad en su peor forma. Una población que vive en condiciones infrahumanas, sin representación política o participación ciudadana, está predeterminada al caos. Por eso, se necesitan ciudadanos con voluntad para cambiar la realidad de ésos barrios, ONG’s que posibiliten hacer políticas incluyentes, que a su vez, con la ayuda de los gobiernos de turno, transformen la calidad de vida de éstas personas.

Fuentes

Robinson, J. (2015). La miseria en Colombia. Desarrollo y Sociedad, 76(1), 1-70.

Valencia, H., Zúñiga, L., Vargas, G., Tobar, J. (2016). Democracia, teoría crítica & ciudadanía. Colombia: Ediciones Pluma de Mompox S.A.

Semana (19 de febrero de 2006). ‘Enredatón’. Recuperado de http://www.semana.com/nacion/articulo/enredaton/77425-3

*  Estudiantes de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Miembros de la Fundación Tejiendo Democracia.

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Adiós al viejo sabio

Por: Armando José Mercado Vega *

El martes 4 de abril murió Giovanni Sartori, uno de los padres de la ciencia política contemporánea. El viejo sabio, como él una vez se definió en uno de sus últimos artículos, murió en Roma por complicaciones respiratorias a la edad de 92 años.
Nació en Florencia en 1924. Vivió y sufrió en su juventud la dictadura fascista en Italia, en parte de allí venía su compromiso crítico y científico con la democracia. Se rehusó a ser parte de los ejércitos fascistas, por lo que pasó diez meses escondido en una habitación en Florencia, hasta que la ciudad fue liberada por los ejércitos aliados en 1944. En esos diez meses, como él mismo contaría en una autobiografía, el pasatiempo más entretenido que tuvo a la mano fue leer libros de filosofía. Pese a que su interés desde muy joven siempre fue el estudio de la política, los diez meses de lectura obligada lo volvieron un experto a la fuerza en filosofía hegeliana, motivo por el cual, y luego de finalizar la carrera de licenciatura en ciencias sociales, enseñó las cátedras de Teoría del Estado e Historia de la Filosofía Moderna en la Universidad de Florencia, donde no sería sino hasta 1956 donde lograría introducir un curso llamado Ciencia Política. Posteriormente se trasladó a Estados Unidos donde pasó por las universidades de Stanford, Harvard, Yale y finalmente Columbia.

Sartori es considerado uno de los padres de la ciencia política contemporánea por sus aportes en la definición de los dos elementos claves de cualquier disciplina científica: el método científico y la identificación de sus objetos de estudio. La obsesión por la correcta construcción de conceptos y teorías lo llevó en sus primeros trabajos como Concept Misformation in Comparative Politics (1970) y The Tower of Babel (1975) a proponer lo que él denominó la “escala de abstracción”, una herramienta metodológica útil para que cualquier investigador pudiera construir definiciones empíricas de sus objetos de estudio. En la actualidad, todavía muchos científicos sociales utilizan la escala de abstracción a la hora de construir conceptos, clasificaciones o tipologías.

Con respecto al objeto de estudio, el primer Sartori centró su atención en la democracia en general y en los partidos políticos en particular. De la democracia, en sus clásicos trabajos como The Theory of Democracy Revisited (1987), advertía sobre la diferencia entre definir la democracia de manera normativa (el deber ser) y hacerlo de manera empírica (lo que es). Aunque reconocía que los dos tipos de definiciones están relacionados y son complementarios, siempre abogó por una definición empírica de la democracia, lo que llamó una “definición mínima”, construida a partir de un conjunto de características empíricamente observables, ya que ésta permitía a los politólogos hacer amplias comparaciones entre países y formular generalizaciones. Sartori llevó esta rigurosidad conceptual y metodológica al análisis de los sistemas electorales, partidos políticos y formas de gobierno en Parties and Party Systems: a Framework for Analysis (1976) y Comparative Constitutional Engineering (1994) donde construyó algunas de las tipologías de sistemas de partidos y formas de gobierno más usadas en el campo de la política comparada en la actualidad.

Su gran conocimiento sobre filosofía lo llevó siempre como politólogo autodidacta a advertir sobre la importancia de no confundir en los análisis el “deber ser” con el “ser”, puesto que el cientista político que ignorara esto, afirmaba Sartori, no sólo hace una pésima filosofía, sino además una terrible ciencia política. Por este motivo, pese a ser un liberal declarado, sus análisis teóricos y empíricos de la democracia liberal lo llevaron a chocar no solo con la filosofía marxista en boga durante los 60s y 70s, sino con liberales de derecha y conservadores, quienes reducían el liberalismo al liberalismo económico.

El último Sartori de la década de los 90s en adelante, menos tratadista y más ensayista, centró su atención en tres flancos: 1) la política italiana, 2) una crítica a las teorías multiculturales y 3) analizar el estado actual de la ciencia política. Con respecto a lo primero, desde programas de opinión y columnas periodísticas, Sartori siempre fue un agudo e independiente analista de la realidad política italiana, lo que le permitió criticar tanto primeros ministros de centroizquierda como Matteo Renzi, o gobiernos de derecha como el de Silvio Berlusconi.

En segundo lugar, sus críticas a las teorías multiculturalitas de autores como Charles Taylor y William Kymlicka, expresadas en su obra Pluralism, Multiculturalism and Strangers: An Essay on Multiethnic Society (2000), aunque bastante desfasadas en ocasiones, advertían que un multiculturalismo exagerado, irresponsable y acrítico, pondría en peligro algunos de los consensos básicos de Occidente, como el estado de derecho, la separación iglesia-estado o la democracia liberal.

Con respecto al tercer punto, en uno de sus últimos ensayos titulado “¿Hacia dónde va la ciencia política?” (2004), y con la autoridad que le daba ser uno de los padres de la disciplina, Sartori criticó el estado actual de la ciencia política, la que según el autor había caído en un cuantitativismo exagerado, producto de la incorrecta utilización del enfoque de elección racional y el análisis económico de la política. Si en los 60s la ciencia política intentaba construir teorías contando con pocas bases de datos cuantitativos, ahora, sostenía Sartori, existían enormes bases de datos cuantitativos, pero no se estaba siendo riguroso a la hora de definir qué se estaba midiendo, es decir, en construir los conceptos y las teorías. Esta crítica de Sartori produjo sendas respuesta de otros grandes politólogos contemporáneos como Josep Colomer y David D. Laitin en defensa de los logros actuales de la disciplina.

Pionero, riguroso, analítico, crítico, polémico e irónico, así fue el viejo sabio florentino. A la fecha, su escala de abstracción, definiciones mínimas, tipologías de sistemas de partidos, etc. son sólo algunos de los aportes que dejó Sartori a las ciencias sociales en general y la ciencia política en particular. La que ha sido llamada por algunos como una de las ciencias sociales más jóvenes, despide a uno de sus padres.

* Director del Programa de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la UTB

¿El año de los referendos, o el resurgir de la voz popular?

Por: Gabriela Méndez Ospino*

Desde mediados de 2016 y en lo que va de 2017 ya han sido varios los referendos que han alzado el vuelo (o pretendido hacerlo) con el propósito de pedir al constituyente primario que tome decisiones respecto al futuro del país. Hasta ahora, sus temáticas oscilan entre un llamado a la reducción del salario de nuestros ilustres congresistas**,  exigir la dimisión del presidente Santos, y una nueva búsqueda de la cadena perpetua para los abusadores carnales de niños. Dejando de lado juicios de valor respecto a las mismas, se vuelve necesario reflexionar en torno a este repentino auge de la consulta directa, y lo que ello puede significar para el país. Los colombianos no se caracterizan por hacer uso frecuente de los mecanismos de participación fuera del sufragio universal.

El referendo sobre el acuerdo de paz del año pasado fue el primero llevado a cabo desde aquel que, en los años 50, buscó dar vía libre al Frente Nacional, entre otras reformas. Aparte de aquel, en nuestros 200 años de historia llegaron a ser una realidad el referendo territorial de San Andrés en 1882, el referendo constitucional de 1886, y el referendo constitucional de 2003 impulsado por el entonces presidente Álvaro Uribe; y quedaron en el olvido la presunta consulta popular para evaluar el gobierno Samper tras el proceso 8000, el referendo de Pastrana para revocar el Congreso, el referendo para la tercera reelección de Uribe en 2008, e intentos para lograr la cadena perpetua de los violadores de niños y que el agua sea declarada derecho fundamental.

La otra gran manifestación del pueblo en las urnas que arribó a buen puerto, madre de la Carta de 1991, no era exactamente legal y, en definitiva, tampoco exactamente constitucional bajo la legalidad vigente. Nació en un movimiento popular estudiantil y halló su lugar en aquel vacío a veces surgido entre el Derecho y la Política, donde la segunda, en representación de las necesidades del pueblo, ha de hacer caso omiso del primero en búsqueda de metas cuyo calibre resulta mayor que la ley. En 1990 esa meta mayor fue la convocatoria de una Asamblea Constituyente que daría lugar a una nueva Constitución. Y es que ni Francisco de Paula Santander hubiera podido hallar una manera viable de revocar la Carta de 1886.

Entre todos los ya mencionados, pocos surgieron de la iniciativa ciudadana. Y el mayor de todos, la Séptima Papeleta, logró el mayor de los resultados. De manera que la línea de fondo a la que quiero llegar vendría siendo la siguiente: cuando así se lo propone, la nación se hace escuchar.

Pero, ¿por qué hay ahora un repunte de la participación por mecanismos de consulta directa convocados por iniciativa ciudadana? Y es que las palabras a subrayar son, sin duda, iniciativa ciudadana. En adición a los mencionados al inicio de esta nota, hay otro proyecto de referendo que pasó de agache el año pasado al ser eclipsado por el ambiente de polarización y demás tensiones reinantes durante las campañas del plebiscito sobre el acuerdo de paz. Los impulsores del Referendo por el Agro entregaron el pasado primero de diciembre las firmas que recolectaron en su búsqueda por:

“Garantizar la soberanía y seguridad alimentaria del país mediante 1) la protección y fomento de la producción nacional agropecuaria y el trabajo que de ella se deriva, en marcos de sustentabilidad y equidad de género, así como de la biodiversidad y los conocimientos tradicionales; 2) la renegociación o terminación unilateral de los TLCs; y 3) a partir de la promulgación de una Ley de Agricultura Familiar, garantizar a las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes el derecho a una vida digna y a un desarrollo a partir de formas de economía propia y a conservar y controlar la biodiversidad y conocimientos asociados que se encuentran en sus territorios. “ (Resumen ejecutivo de exposición de motivos del Referendo por el Agro, 2016).

Este se constituye en otro de tantos esfuerzos realizados por parte de los campesinos colombianos por hacer valer sus derechos, y, como dirían los miembros de OPDS Montes de María, la permanencia digna en el territorio. De hecho, en el año 2011 la Corte Constitucional declaró el Estado de Cosas Inconstitucional (ECI) como respuesta a la gran cantidad de violaciones de los derechos de las personas y las comunidades vulnerables no atendidas o atendidas de modo deficiente por las instituciones estatales. Ya entrando el 2017, la salida del ECI se ve aún en la distancia.

Hoy, la historia, la persistencia del ECI, las manifestaciones populares como las multitudinarias marchas por la paz llevadas a cabo en 2016, y finalmente estos nuevos referendos de iniciativa ciudadana, no pueden sino hacerme pensar en aquellas palabras anotadas al margen de un cuaderno durante la clase de filosofía política: cuando el Estado empieza a incumplir, es deber del pueblo exigir. Es su deber actuar.

*Estudiante de V Semestre de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Universidad Tecnológica de Bolívar

** Aquí se puede encontrar toda la información referente al referendo por la reducción del salario de los congresistas, incluyendo el formulario para recolección de firmas: http://www.referendoco2017.com/

La corrupción emerge para traficar con la pobreza, los sueños y las aspiraciones de una sociedad justa

Por: Erika Ardila* y Juan Sebastian Cardenas**

La corrupción es un problema social que afecta a nuestra población, a Latinoamérica, a unos países más que otros, en sociedades modernas y no tan modernas de América, Europa y el resto del mundo. Es un viejo malestar cultural que experimentamos desde la colonia con la dolorosa trata de esclavos, el robo de tierras a los nativos, pasando por la construcción del Estado-nación republicano a finales del siglo XIX con las pugnas entre las élites conservadoras y liberales. Se manifiesta en el lenguaje cotidiano de la ventaja que impone el individualismo en las desgastadas frases del gana gana, o ¿cómo voy aquí? La corrupción se ajusta a la pirámide de la sociedad como medio de ascenso, arribismo y método de enriquecimiento. Los hechos de corrupción que hoy observamos en la administración pública, debilitan la democracia y en particular la representatividad de nuestro sistema político, económico, social y demás. Este dilema tiene muchos detractores en la democracia que suele practicar Colombia, y éste se encuentra en el colectivo imaginario de los ciudadanos del país. Hace falta tener conciencia acerca de lo que ocurre y tratar de combatir este malestar que afecta a nuestra nación. Son muchas la áreas que perjudica esta situación endémica, pero solamente se tratarán tres que se han vuelto muy conocidas por la divulgación que los medios de comunicación le han dado. La contratación de alimentos, los subsidios del Sisbén y el clientelismo.

La contratación de alimentos

El 78% de los contratos de alimentación en el Caribe colombiano se entregaron a particulares sin pasar por una licitación. “El programa se ha pervertido porque muchos actores políticos usan estos recursos públicos para obtener beneficios o pagar favores” dice Édgar Gómez, defensor delegado (e) para la infancia”. La inequidad es palpable hasta en la distribución de la comida que se prepara a los niños(as), muchos se quedan sin comer, la preparación de los alimentos se hace en el suelo, muchos platos y cubiertos están oxidados, y la sobras de los alimentos que se le da a los niños en las comidas siguientes, nos da a conocer que hay un problema en la manipulación de estos servicios sociales cuyo fin es servir a la población menos beneficiada. ¿Qué sucede con las entidades gubernamentales que verifican el cumplimiento de estos procesos?

Los beneficiarios del Sisbén

Por otro lado, tenemos el exorbitante abuso por parte de personas que no necesitan la ayuda que el Sisbén provee a ciudadanos de bajos recursos económicos. Además, hay individuos que están muertos y todavía siguen beneficiándose de dicha ayuda. La pregunta que se puede resaltar es: ¿quién realmente se está beneficiando de estas ayudas? “No solamente se han encontrado irregularidades con personas inscritas que han fallecido, también hay 80.000 beneficiarios que registran ingresos mayores a COP 3’800.000 (USD 1.296) mensuales, que corresponden a 5,8 salarios mínimos”. Si los índices de pobreza en Colombia siguen aumentando, los atropellos siguen ocurriendo, y la gran cantidad de personas que literalmente manipulan el sistema para beneficiarse continúan cometiendo estos delitos, ¿cómo vamos a esperar que resolvamos estos problemas? Para esto, hace falta tomar conciencia de estos actos y combatirlos, no sumarle inamovibles fallas que terminaran colapsando un sistema social que debería funcionar para la población menos beneficiada económicamente.

Clientelismo

En Colombia, cada vez que se entra en elecciones políticas, ya sea para elegir candidatos a la Alcaldía, Consejo, Asamblea, Gobernación, hasta la Presidencia, se producen los casos más atroces del clientelismo exacerbado. Por lo general, uno puede encontrarse con los actores “mitigadores de miseria” cuando van a barrios populares y empiezan a “traficar la corrupción” que se ve en abundancia con la compra y venta de votos para poder ganar los sufragios. De esta forma, muchas elecciones se han visto afectadas en especial las de Cartagena.

Los elegidos tienen su cuota de poder en los contratos para obras de infraestructura, favores políticos, repartición de beneficios entre líderes a través de la maquinaria de la corrupción que se queda con una buena parte del presupuesto del gasto público. La corrupción no debería observarse con ojos de complacencia y complicidad. Los hechos de corrupción que hoy observamos en la administración pública, debilitan la credibilidad institucional que hace parte de la sociedad. Cambiarlo requiere tiempo, y transformar las mentalidades del imaginario imperante dentro la comunidad por la justicia social es educarnos para forjar nuevas capacidades humanas que sean incluyentes, y por ende que beneficien a todos.

* Estudiante del Programa de Comunicación Social, Universidad Tecnológica de Bolívar

** Estudiante del Programa de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Universidad Tecnológica de Bolívar

Brasil, no pierdo la esperanza en ti

Por: Karen Ariza Carranza*

Sao Paulo, Brasil.

Hoy cumplo un mes de haber llegado a Brasil nuevamente; siempre es un placer. Me había abstenido de hablar sobre el tema Dilma, la crisis política y el impeachment. Me limitaba a escuchar comentarios, testimonios y opiniones de todos lados y leía para tener más claridad de la situación política de Brasil. Con todo sobre los Juegos Olímpicos, ni la tv ni la prensa tenían como prioridad la política, pero había un seguimiento de detalles, no mucho más que minutos o titulares de paso. De antemano sabíamos que el juicio político sería después de los Juegos, exactamente 10 días después de finalizarlos, tiempo suficiente para despedir a los turistas de Río y no entremezclar una cosa con la otra. Eso sí, aplaudidísimo por todos que la tensión por la posible destitución de Dilma como presidenta de Brasil, no se sintiera en la organización ni la realización de los primeros Juegos Olímpicos en Sudamerica, pero qué jugada tan perfectamente planeada… Ahora lo entiendo todo.

Hasta el 30 de agosto en televisión se vio todo el día el interrogatorio de los senadores hacia Rousseff, que en el momento seguía siendo presidenta, al menos en el papel. Ella respondía una a una las preguntas de los senadores. Veía de a ratos las respuestas, pero en verdad todo estaba dicho. Lo sabíamos todos, hasta la misma Dilma antes de iniciar con sus respuestas. Mientras la escuchaba y veía las reacciones de los senadores, pensé que sería más interesante si los congresistas fuesen cuestionados en su cargo, eso sí sería un show digno de televisión. Al día siguiente la actividad en Río era común y corriente, sólo alcancé a escuchar varios indignados que proclamaban a lo lejos “¡Fue un Golpe!” con cacerolazos; pero las protestas masivas ocurrieron en Sao Paulo, donde miles salieron a las calles a celebrar que finalmente el impeachment se logró. Con champaña y pudín, con la bandera de Brasil en mano, los grupos políticos conservadores mostraban su alegría por la destitución presidencial.

Los brasileños en general quieren un cambio, pero no saben a cargo de quién (o quiénes), y hasta me atrevería a decir que ni cómo. Si bien las calles están polarizadas entre los que están a favor y en contra de Dilma, los que rechazan a Temer, ahora presidente en el cargo, son amplia mayoría. De hecho, la campana “Fora Temer” fue más acogida en los Olímpicos que el mismo lema de Río 2016.

Parque Olímpico, Río 2016.

Volver a la izquierda parece que es una de las opciones menos viables. El Partido de los Trabajadores está realmente muy golpeado, y el mapa político en America Latina tampoco lo favorece. Argentina eligió dejar de lado el Kichnerismo, Venezuela cada vez está más cerca de una reforma radical, y Bolivia y Ecuador ya no tienen la misma fuerza política que antes. Además, esta vez Dilma no cuenta con el apoyo incondicional que tuvo cuando aspiró. Fueron 13 años durante los cuales la izquierda se instauró en la presidencia, y con Lula el panorama parecía indestronable. En definitiva eran otros tiempos, la gente estaba entusiasmada con el cambio y la propaganda mundial que tenía Brasil como actual potencia regional, tenía contentos a casi todos. Dilma llegó al cargo con 77% de popularidad y hoy lo deja con 10%. Había sido reelegida con más de 50 millones de votos en 2014, pero cuando la actividad económica se contrajo al 3.8% en 2015 la desconfianza en las calles le fue costando caro.

Brasil sabe que el país seguirá siendo caro y que no habrá tranquilidad política por al menos este año. La tensión está servida. Aún así, los brasileños saben que viven en el país de la esperanza latinoamericana. Por estos días muchos creen haberla perdido, pero la historia muestra un país fuerte y resistente. Estoy segura, no me cabe duda, que seguirá creciendo. Pero lo que me tiene dubitativa es el rumbo que tomará. En su comunicado oficial, Dilma se despidió con un poema del ruso Maiakovski:

No estamos contentos, por supuesto,
Pero ¿por qué razón deberíamos estar tristes?
El mar de la historia es agitado
Las amenazas y guerras, habremos de atravesarlas,
Las romperemos por la mitad,
Cortándolas como corta una quilla.

Vale la pena pensar más allá de las ideologías y compartir el mensaje para todos los brasileños. No hay tranquilidad, pero ya vendrán mejores tiempos. Fuerza Brasil.

* Estudiante del Programa de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Universidad Tecnológica de Bolívar

Cartagena necesita luchar contra la corrupción

Por: Armando José Navarro Burgos *

Cartagena presenta un riesgo medio de corrupción. Así lo reveló el más reciente Índice de Transparencia Municipal (ITM 2013/14) elaborado por la Corporación Transparencia por Colombia, que ubicó a la ciudad en el puesto 13 sobre 41 del ranking nacional con una calificación de 63,3 puntos de cien posibles.

El ITM es una herramienta que mide la vulnerabilidad de las entidades públicas ante posibles actos de corrupción. Es precisamente esa la esencia de su creación: prevenir hechos de corrupción en la gestión administrativa del Estado. Para obtener la calificación se analiza el acceso a la información pública o la capacidad de la entidad para divulgar información sobre la gestión (visibilidad); talento humano, políticas anticorrupción, gestión de la contratación (institucionalidad); y, atención al ciudadano, mecanismos de participación y control (control y sanción).

De acuerdo con esto, Cartagena obtuvo una calificación baja en visibilidad e institucionalidad, es decir que acceder a la información pública es difícil a través de la página web de la Alcaldía y otras plataformas web existentes como el Sigob y Secop tampoco son eficientes. Por otro lado, no hay políticas claras por parte de la administración para luchar contra la corrupción, se perciben dificultades para conocer información sobre los funcionarios y se hallaron inconvenientes en temas de contratación.

Desde la coordinación del Observatorio a la Transparencia en la Contratación, de Funcicar, he tenido la oportunidad de analizar de cerca cómo se han invertido los recursos públicos en el Distrito, especialmente durante el gobierno de Dionisio Vélez.

Mediante informes de seguimiento anuales, semestrales y trimestrales dimos a conocer, a través de los medios de comunicación de la ciudad, los datos destacados de cada análisis. La finalidad de este ejercicio es activar la transparencia y el control social, en otras palabras: llamar la atención de la Alcaldía en su conjunto, de los órganos de control y motivar un despertar ciudadano.

Más allá de los resultados puntuales sobre el predominio de la contratación directa y la prestación de servicios, de las obras inconclusas, las dudas y la deuda que dejó el crédito público de $250 mil millones de pesos –uno de los más grandes en la historia de Cartagena-, lo más preocupante es encontrar que los procesos de contratación no se publiquen en los plazos establecidos por la ley con todos los documentos y anexos que le permitan a los ciudadanos realizar un efectivo seguimiento a la inversión de los recursos.

Lo anterior evidencia una clara falta a la Ley 1712 de 2014 (Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública) y al Decreto 1082 de 2015, que reglamenta el deber de publicar.

Si bien la contratación es tan solo uno de los temas evaluados en el ITM de Transparencia por Colombia, sí es un factor que nos permite sacar conclusiones y percibir las dificultades que tiene el Distrito para ser más transparente, especialmente la Alcaldía y sus entidades descentralizadas. En consecuencia, si no se publica la información completa a tiempo, será muy difícil disminuir los riesgos de corrupción.

Hoy el índice de transparencia nos ubica al nivel de Riohacha. Mientras en el anterior ITM Cartagena estaba en el puesto 5° con un riesgo moderado de corrupción y bajó significativamente al 13°, nuestra vecina Barranquilla subió del 12° al puesto número 1 con la mejor calificación del país.

Lo anterior revela que hemos retrocedido y que las tareas pendientes son muchas. Esperamos que el Alcalde Manuel Vicente Duque cumpla con la promesa que lanzó en campaña y reiteró en la firma del pacto por la transparencia y en el nuevo plan anticorrupción del Distrito: ubicar a nuestra ciudad entre las cinco primeras del ITM al finalizar su gobierno.

* Politólogo egresado de la Universidad Tecnológica de Bolívar, Coordinador del Observatorio a la Transparencia en la Contratación Estatal de Funcicar.

La construcción de la paz, un motivo de reflexión

Por: Juan Sebastian Cárdenas *

El 23 de junio de 2016 fue un día histórico para Colombia. Ese día el actual Presidente de la República de Colombia Juan Manuel Santos firmó un acuerdo clave con las FARC-EP, que muy probablemente conllevará al fin del conflicto que se ha mantenido por más de 50 años. El conflicto armado, solo ha traído a nuestro país miseria, violencia, pobreza, tristeza, inestabilidad económica, millones de víctimas, y otras connotaciones negativas que han marcado nuestra sociedad. El tema ha sido noticia a través de las redes sociales.

Un ejemplo es el de Lina Quintero, quien manifiesta su inconformismo y desacuerdo con el Gobierno que está negociando con un grupo terrorista, así lo menciona. Después otro video que se volvió famoso fue el de su contra-argumento, realizado por un joven que afirma que Lina Quintero es hermana de un personaje que tuvo nexos con el paramilitarismo.

El expresidente Uribe – con muchas denuncias en su contra, entre los cuales se le denuncia por vínculos con el paramilitarismo – también dio conocer su opinión a través de los medios de comunicación, llamándole así: “La paz está herida. La pregunta que salta a la vista es, ¿de quién es la herida, de la paz o del expresidente? A juzgar por su lenguaje en el video, el herido es el expresidente.

Estos acontecimientos han llamado la atención de los ciudadanos en Colombia, quienes  muestran inconformidad por dicho proceso (sin haber profundizado en el análisis de los acuerdos). Por otra parte, quienes apoyan el proceso, lo hacen por el cansancio que produce una guerra sin fin, que ha generado ganancias a las empresas armamentistas transnacionales que se lucran de ella, y otros actores del conflicto de los intereses más variados.

Reflexionemos, quienes se oponen al proceso de paz afirman que el Estado colombiano le está regalando el país al castrochavismo favoreciendo los intereses de las FARC-EP. Evidentemente los opositores del proceso desconocen la historia nefasta que ha vivido Colombia. Analicemos: en el 2002 el expresidente Álvaro Uribe, dio inicio a la desmovilización de grupos paramilitares que habían sembrado el terror entre los campesinos, promoviendo asesinatos y masacres. Éstos fueron desplazados de sus tierras en diversas zonas geográficas del país debido a los antagonismos entre paramilitares y guerrilleros. El proceso que inició el expresidente Uribe desmovilizó una buena parte de los ejércitos paramilitares. Para muchos era necesario que este grupo pagara por sus crímenes, pero muchos no pagaron cárcel, otros pagaron poco tiempo. En la Internet no se han manifestado los Youtubers y otros personajes que tienen muchos seguidores en sus redes sociales para criticar este evento. El expresidente Pastrana y varias organizaciones internacionales sí expresaron sus insatisfacciones por dicho proceso.

Afrontar este camino de las negociaciones por la paz en Colombia, es dar la vuelta a una nueva página de la historia colombiana, en la que nuestros campesinos han tenido que pagar el precio más alto de esta guerra. El proceso de paz liderado por el presidente Juan Manuel Santos, las autoridades internacionales y la ONU, con el apoyo del equipo nacional que sigue trabajando en éste, es un llamado a la sensatez en cada uno de nosotros. Implica revisar nuestro inconsciente colectivo. Desde el siglo XIX las guerras perviven en Colombia porque han sido una puja entre poderes bipartidistas consolidados en el imaginario colectivo, aceptadas como algo natural. Sin embargo, no es natural que durante el siglo XIX hayamos tenido 11 constituciones políticas hasta 1886. Fueron guerras sin sentido que nos dejó sumidos en el absoluto atraso al iniciar el siglo XX, enfrentando yuxtaposiciones políticas como un lugar común, enseñándonos que quien gana es el mejor y el más fuerte y por supuesto el más violento y poderoso de los actores sociales.

Este proceso de paz tiene otro aprendizaje en nuestra cultura, pensamiento y formación, ahora comenzamos a construirlo, y no será fácil, no contiene fórmulas mágicas, lo que sí es seguro es que sus detractores necesitarán otros argumentos diferentes a la venganza y los odios irracionales que fomentan enfermedades físicas y mentales. Los colombianos(as) necesitamos reflexionar colectivamente y construir un país diverso y multicultural en nuestro presente, para que esas historias sangrientas no se vuelvan a repetir.

* Estudiante del Programa de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Universidad Tecnológica de Bolívar, Segundo Semestre.