La corrupción emerge para traficar con la pobreza, los sueños y las aspiraciones de una sociedad justa

Por: Erika Ardila* y Juan Sebastian Cardenas**

La corrupción es un problema social que afecta a nuestra población, a Latinoamérica, a unos países más que otros, en sociedades modernas y no tan modernas de América, Europa y el resto del mundo. Es un viejo malestar cultural que experimentamos desde la colonia con la dolorosa trata de esclavos, el robo de tierras a los nativos, pasando por la construcción del Estado-nación republicano a finales del siglo XIX con las pugnas entre las élites conservadoras y liberales. Se manifiesta en el lenguaje cotidiano de la ventaja que impone el individualismo en las desgastadas frases del gana gana, o ¿cómo voy aquí? La corrupción se ajusta a la pirámide de la sociedad como medio de ascenso, arribismo y método de enriquecimiento. Los hechos de corrupción que hoy observamos en la administración pública, debilitan la democracia y en particular la representatividad de nuestro sistema político, económico, social y demás. Este dilema tiene muchos detractores en la democracia que suele practicar Colombia, y éste se encuentra en el colectivo imaginario de los ciudadanos del país. Hace falta tener conciencia acerca de lo que ocurre y tratar de combatir este malestar que afecta a nuestra nación. Son muchas la áreas que perjudica esta situación endémica, pero solamente se tratarán tres que se han vuelto muy conocidas por la divulgación que los medios de comunicación le han dado. La contratación de alimentos, los subsidios del Sisbén y el clientelismo.

La contratación de alimentos

El 78% de los contratos de alimentación en el Caribe colombiano se entregaron a particulares sin pasar por una licitación. “El programa se ha pervertido porque muchos actores políticos usan estos recursos públicos para obtener beneficios o pagar favores” dice Édgar Gómez, defensor delegado (e) para la infancia”. La inequidad es palpable hasta en la distribución de la comida que se prepara a los niños(as), muchos se quedan sin comer, la preparación de los alimentos se hace en el suelo, muchos platos y cubiertos están oxidados, y la sobras de los alimentos que se le da a los niños en las comidas siguientes, nos da a conocer que hay un problema en la manipulación de estos servicios sociales cuyo fin es servir a la población menos beneficiada. ¿Qué sucede con las entidades gubernamentales que verifican el cumplimiento de estos procesos?

Los beneficiarios del Sisbén

Por otro lado, tenemos el exorbitante abuso por parte de personas que no necesitan la ayuda que el Sisbén provee a ciudadanos de bajos recursos económicos. Además, hay individuos que están muertos y todavía siguen beneficiándose de dicha ayuda. La pregunta que se puede resaltar es: ¿quién realmente se está beneficiando de estas ayudas? “No solamente se han encontrado irregularidades con personas inscritas que han fallecido, también hay 80.000 beneficiarios que registran ingresos mayores a COP 3’800.000 (USD 1.296) mensuales, que corresponden a 5,8 salarios mínimos”. Si los índices de pobreza en Colombia siguen aumentando, los atropellos siguen ocurriendo, y la gran cantidad de personas que literalmente manipulan el sistema para beneficiarse continúan cometiendo estos delitos, ¿cómo vamos a esperar que resolvamos estos problemas? Para esto, hace falta tomar conciencia de estos actos y combatirlos, no sumarle inamovibles fallas que terminaran colapsando un sistema social que debería funcionar para la población menos beneficiada económicamente.

Clientelismo

En Colombia, cada vez que se entra en elecciones políticas, ya sea para elegir candidatos a la Alcaldía, Consejo, Asamblea, Gobernación, hasta la Presidencia, se producen los casos más atroces del clientelismo exacerbado. Por lo general, uno puede encontrarse con los actores “mitigadores de miseria” cuando van a barrios populares y empiezan a “traficar la corrupción” que se ve en abundancia con la compra y venta de votos para poder ganar los sufragios. De esta forma, muchas elecciones se han visto afectadas en especial las de Cartagena.

Los elegidos tienen su cuota de poder en los contratos para obras de infraestructura, favores políticos, repartición de beneficios entre líderes a través de la maquinaria de la corrupción que se queda con una buena parte del presupuesto del gasto público. La corrupción no debería observarse con ojos de complacencia y complicidad. Los hechos de corrupción que hoy observamos en la administración pública, debilitan la credibilidad institucional que hace parte de la sociedad. Cambiarlo requiere tiempo, y transformar las mentalidades del imaginario imperante dentro la comunidad por la justicia social es educarnos para forjar nuevas capacidades humanas que sean incluyentes, y por ende que beneficien a todos.

* Estudiante del Programa de Comunicación Social, Universidad Tecnológica de Bolívar

** Estudiante del Programa de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Universidad Tecnológica de Bolívar

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